En Las Aulas
16 de agosto de 2017 13:44

Cuando los hijos se van

Los hijos son “prestados”. Nacen, crecen, se desarrollan, buscan pareja y se van. Es la ley de la vida.

Los hijos son “prestados”. Nacen, crecen, se desarrollan, buscan pareja y se van. Es la ley de la vida.

Redacción En las aulas

El título de esta nota -Cuando los hijos se van- corresponde a una película mexicana de los tiempos de Sara García, Libertad Lamarque y Pedro Infante.

Derechos y deberes 

La familia humana es un proyecto hermoso, pero complejo. No hay otro espacio más gratificante y al mismo tiempo incomprendido como la familia donde se forman las personas.

Sí, ayer fuimos bebés –unos más bellos que otros, unos más esperados que otros-, pero, en todo caso, criaturas que llegamos al mundo con un grito de independencia, al salir del claustro materno y descubrir la otra naturaleza que nos dio cobijo.

Proyecto de vida

El tema de hoy no es nuevo. Los hijos vienen a nuestra familia -sin haber escogido a la nuestra, así como el lugar y el momento de nacer-, y desde aquel instante se genera un proyecto humano potencialmente grande, que requiere, al principio, la ayuda de sus padres y luego, poco a poco, la búsqueda y el logro de la autonomía que convierte a cada persona en única e irrepetible, diferente. Pero, ¿ciertamente tenemos un proyecto de vida?

Cuatro columnas

En más de una ocasión hemos leído con entusiasmo que la vida, para que sea completa, necesitaría cuatro columnas.

En primer lugar, el aspecto emocional, aquel que nos permite gobernar nuestros sentimientos y dirigirlos hacia metas superiores, en el presente caso a formar una familia. En segundo lugar, el aspecto vocacional, que nos orienta a encontrar el medio de subsistencia, a través de la utilización de nuestras capacidades innatas o adquiridas, mediante un trabajo honesto y productivo.

Tercero, la utilización del tiempo libre, es decir, el saber descansar de manera activa, para recuperar las energías consumidas por el trabajo; y en cuarto lugar el no menos importante aspecto espiritual, que integra todo, que engloba toda nuestra existencia.

Los hijos se van...

Y en un abrir y cerrar de ojos… los hijos han crecido. Han crecido físicamente, superan inclusive a sus padres en conocimientos y han madurado.
¡Qué difícil pensar que nuestros hijos o hijas salgan de nuestro hogar con una señorita o señor “desconocidos”! Pero esa es la “ley de la vida”. Tenemos que aprender las lecciones y esperar que vuelvan… con un nieto o nieta para alegrar nuestros instantes… ¡Pero los hijos que se casan no dejan de ser hijos! Esa es también una realidad.