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17 de julio de 2017 08:15

El heredero de la estirpe Pacheco

A sus 78 años, el maestro se muestra jovial y muy bien conservado. Foto: Víctor Vizuete / ÚN

A sus 78 años, el maestro se muestra jovial y muy bien conservado. Foto: Víctor Vizuete / ÚN

Victor Vizuete

En el imaginario quiteño, el apellido Pacheco es sinónimo de fotografía; fotografía de calidad. Con decir que hasta hay un cacho que ya forma parte del acervo sociocultural capitalino y que lo conoce todo el mundo. ¿Cuál es el bendito chiste? Pues que en la crucifixión, el Maestro gira a sus extremos y dice a los dos ladrones: Dimas, estás listo; Gestas, estás listo... Entonces, Pachequito, toma la foto.

Claro, ese Pacheco era Luis, pionero con sus hermanos, pero se aplica por extensión al heredero directo de su arte, su hijo Víctor René Pacheco Jiménez.

René fue su primer vástago y el único que se decidió a seguir sus pasos de manera directa. Otras dos hermanas lo hicieron, pero de forma intermitente.

Lo cierto es que este maestro, que nació en Quito el 9 de julio de 1939, se metió de cabeza en el oficio desde muy joven, apenas bordeando los 15 años.

Alumno pícaro e inconstante (estudió la secundaria en tres colegios de los que fue expulsado y se graduó finalmente en el ‘Patrón’ Mejía), René descubrió tempranamente que lo que realmente le movía el piso era la fotografía y, apenas podía, corría al estudio-laboratorio de su padre de la calle Guayaquil, entre Mejía y Olmedo.

Don Luis, que tenía un ojo entrenado, se dio cuenta de la afición del muchacho y se dedicó a pulirla con la sapiencia de un joyero.

Una foto con su primera hija, Renee Jackeline, hace fuuuu.

Una foto con su primera hija, Renee Jackeline, hace fuuuu. Foto Cortesía

Con esa guía, René publicó su primera fotografía en la sección deportiva de EL COMERCIO, al que enviaba las fotos su padre.

No obstante su prometedor futuro, apenas graduado armó maletas y se fue a la ‘Yonni’, específicamente a Chicago. Regresó a los dos años y, después de un tiempo, volvió otra vez a la ‘Ciudad de los Vientos’.

Esta vez se quedó 15 años pues ya se fue casado. Entonces decidió profesionalizarse y estudió Fotografía Moderna en Nueva Jersey y sacó un diplomado en Periodismo -por correspondencia- en el Instituto de Difusión Panamericana.

En EE.UU. laboró como fotógrafo para el periódico hispano-mexicano La Raza.
De regreso al terruño se dedicó a su profesión. Trabajó -como miembro de planta o ‘freelance’- para EL COMERCIO, Hoy, Vistazo, 15 Días y Acelerando...

En ese lapso se divorció, se volvió a casar, tuvo dos hijos más y perpetuó en fotos centenares de bodas, cumpleaños, bautizos, grados, inauguraciones; publicó tres libros...

En eso sigue. Y aunque la fotografía digital ha oscurecido su horizonte “todavía algo hay y me ayuda a completar el fiambre. No cae pero resbala”, afirma con convicción.