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Diciembre 29, del 2007
La quema del año viejo es una extendida práctica en nuestro país; pero, ¿qué realmente significa? Empecemos hablando del fuego y su función: El más sutil de los cuatro elementos quema, purifica y hasta destruye; incluso los más peligrosos desechos y contaminantes son combatidos con el fuego, que los descompone en sus más pequeños componentes, sirviendo en última instancia como abono o nutriente para una nueva generación de vida. Esto es de lo que habla el mito del ave fénix: quemarse hasta cenizas, para de allí resurgir renovado y vitalizado. Llevado esto entonces al año viejo, nos habla de acabar con algo, destruir el pasado, representado en el monigote, a través de las llamas purificadoras y renovadoras. Caracterizamos entonces en el viejo o monigote aquellas cosas que no nos gustaron del año que termina, aquellos sucesos, personajes, actitudes, eventos... que consideramos negativos, adversos o inútiles, para tratar de desprendernos de ellos, o al menos de las secuelas o consecuencias que dejaron en nosotros o nuestro entorno. Entendido esto podemos aprovechar mejor esta práctica popular para hacerla más consciente y de una manera sutil, energética, emocional y hasta espiritual, liberarnos de aquellas cargas que hemos acumulado en el año para poder iniciar el nuevo ligeros de equipaje y con nuevos bríos, empleando esas cenizas ya depuradas como abono y nutrientes para lo que deseemos generar el año que empieza. Y para darle fuerza podemos no solo representar esos sucesos en el monigote y su escenario, sino inclusive podemos escribir en pequeños papeles todas aquellas cosas que queremos 'quemar' y finalmente introducirlos en el viejo, colocarlos sobre él mientras está ardiendo o inclusive en una pequeña fogata que podemos hacerla en un espacio reducido, si no queremos complicarnos con el monigote y lo que implica quemarlo. Es más, no lo hagamos solos, desarrollemos esta especie de ritual en familia o en grupo, para que se junte la energía y propósito de todos, dando fuerza al evento y apoyándonos entre todos para que estas situaciones se quemen y depuren con más fuerza. Despidamos así el año la tarde o noche del 31 de manera que, entonces, estemos listos para el primero de enero iniciar con los propósitos de año nuevo. Recuerden: si formulamos propósitos el 31 los estaremos quemando e impidiendo así que se cumplan, más bien liberémonos de todas esas cargas inútiles para iniciar el año con el pie derecho y allí si trabajando por lo que queremos hacer u obtener en el nuevo año. Un muy Feliz y renovado 2008
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