Octubre 29, del 2008
Cuando daban las 11:00, la señora Luz María Endara, más conocida como Mama Lucha, enviaba a Pablo Calero, el jugador número 7 del Estrella Roja, a comprar unos motes y colas en el mercado de San Roque, para que él y sus ayudantes de pintura maten el hambre. Corría el año de 1987.
Don Pablito, como cariñosamente lo llamaba la señora Endara, a más de ser uno de los pilares del equipo de fútbol, que la mujer apadrinaba, trabajaba haciendo grafiados y pintando las casas de algunos de los familiares de Luz María.
“La señora era calidad de gente”, dice don Pablo, quien hace un año quedó discapacitado cuando en un asalto le clavaron un desarmador en la frente que le paralizó la mitad del cuerpo e hizo perder la visión en su ojo derecho.
De trabajador de confianza de la señora Endara, quien no reparaba en hacerle adelantos de dinero por su trabajo (con la advertencia de que debía presentarse a trabajar puntualmente), este hombre de 48 años, pasó a ser fotógrafo en la plaza de San Francisco.
“Yo tuve roce con la señora, como buena era buena, y como mala… yo nunca tuve problemas”, afirma quien dice hablar solo la verdad por ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
¿Cómo llegó a ser el hombre que hacía los pases gol en el Estrella Roja? “Yo vivía en la Bahía y andaba sin trabajo, entonces pasé por San Roque, por la peña doña Lucita (propiedad de Endara), ahí pedí trabajo y me aceptaron”, cuenta don Pablo.
“En horas libres, bajamos a jugar fútbol en las canchas del Panecillo, ahí recuerdo que el hijo de la señora Endara, don Ricardo, me invitó a jugar en el Estrella Roja. Jugué tres años con ellos, me daban los zapatos y los uniformes”.
El ex número siete del equipo recuerda que los partidos en las canchas de La Paya y en San Roque eran duros; se metía la pierna fuerte y los moradores de estos barrios eran bien 'papaeados', comenta.
De lo que no puede dar fe, es de las supuestas grescas que había en los partidos, de las presiones a los árbitros y a las vendedoras de los mercados para ir a hacer barra, eso a don Pablo no le consta.
Incluso pone en tela de duda el rumor de que la señora Endara tenía una celda con barrotes en su casa, “en realidad, ese cuarto de barras era una gruta de la señora, donde tenía imágenes religiosas. Para mi criterio, la señora era buena, era hasta cariñosa; siempre me llamaba, don Pablito”.
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Don Pablo calero es un álbum ambulante, cada anécdota la tiene muy bien documentada en las fotos que guarda por todos lados.
Luego de despertar en el Eugenio Espejo, con un desarmador en la frente, no se dejó vencer. Un día, mientras iba a un chequeo al hospital vio a un hombre que corría a imprimir unas fotos que había tomado en el parque de La Alameda.
El fotógrafo le indicó dónde adquirir una cámara Fuji Film por USD 60 y cómo imprimir las fotos de los clientes. Trabaja de 09:00 a 17:00, cobra USD 2 por foto y con ese dinero ayuda a su esposa de 38 años, quien trabaja lavando ropa y limpiando casas ajenas.
Con álbum en mano, muestra fotos de cinco hijos: la de la mayor que dejó de cantar porque se casó y a su marido no le gusta que ande en esas cosas. La de la segundita, que trabaja para darle a la mamá para el arriendo y la de los tres pequeños que van a la escuela.
Entre sus herramientas de trabajo hay una funda de maíz, “es para echar a las palomas, ya que hay clientes que quieren una foto con ellas”, entonces don Pablo utiliza el maíz para bajarlas.
También tiene fotos en las que posa junto a los payasos, con Jalal y Rodrigo, los animadores de 'Ni Washo ni Esteven', con papá Noel, las bastoneras del colegio 24 de Mayo, con roqueros, con el conductor del 10 sobre 10.
Don Pablo es un tipo optimista a pesar de que las cosas podrían estar mejor. “Quisiera ver si alguien me da un trabajo estable, pero nadie me abre las puertas. El otro día vi en el periódico un anuncio para atender teléfonos, fui y me discriminaron. Aprobé los exámenes, pero la señorita no me dio el trabajo. Me dijo que no podía dármelo, solo porque ando con bastón. La verdad me sentí mal, hice las denuncias, pero no me han dado oídos. Mejor lo dejé lado y me dediqué a las fotos”, dice algo triste.
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| Don Pablo Calero trabaja en la plaza de San Francisco como fotógrafo. |
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| La cámara grande sirve de 'amague', la chiquita es la que vale. |
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| Don Pablo en el Estrella Roja, es el cuarto arriba, contando desde la izquierda. |
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| El fotógrafo de San Francisco sueña con tener un empleo estable. |