Quito, Cuenca, Sao Paulo -¡el Ecuador!- aplaudieron desde 1986 con fervor al ‘Cuencano de oro’ o ‘Chasqui de oro’ y fue el máximo ídolo nacional hasta que en 1996 resultó destronado por su paisano Jefferson Pérez, ganador de una medalla olímpica. Rolando se ganó los aplausos y el cariño de la afición con sus triunfos en la carrera Quito-Últimas Noticias (ocho emocionantes medallas de oro), San Silvestre (cuatro grandes victorias) y otros eventos, entre ellos tres maratones internacionales y otras múltiples jornadas.
Nacido en Cuenca, el 27 de abril de 1965, el pequeño Rolando perdió a su padre y tuvo que vender periódicos y trabajar con fe apoyando a su familia.
Pronto se descubrió que tenía condiciones de atleta y comenzó su vida deportiva en la Cuenca natal. Su primera actuación aplaudida nacionalmente fue su segundo puesto en la carrera de Últimas Noticias en 1983.
Fue en ascenso y en 1986 no solo fue celebrado, en junio, ganador de la carrera quiteña, derrotando al consagrado Luis Tipán, sino que dio la sorpresa triunfando, en diciembre, en la famosa carrera brasileña de San Silvestre.
En 1987, 88 y 89 vivió su época de oro. Se dio el lujo de triunfar, derrochando calidad, en las dos pruebas y constituyéndose en un auténtico ídolo, gracias a su clase, resistencia y carisma.
Sus anécdotas
En 1983, de pronto apareció en la llegada de la Carrera Internacional Últimas Noticias -como se llamaba entonces- un pequeño atleta, desconocido en Quito.
-Este se metió en el recorrido. Hay que borrar su nombre.
-¿Cómo se llama?
-Rolando Vera Rodas. No hay duda de que se metió.
Felizmente otros atletas salieron a defenderle. “No. Corrió toda la prueba. Es un cuencano que está surgiendo muy bien”, dijeron.
Vera contó que viajó a Quito para la carrera y el domingo anterior fracasó la partida. Los atletas fueron convocados para el domingo próximo, 19 de junio, y el cuencanito se aprestaba a regresar a su ciudad cuando fue invitado por el empresario Rodrigo Ribadeneira para quedarse en la capital y correr por Marathon Sports.
La empresa deportiva y el atleta se unieron por varios años, subiendo luego el prestigio de ambos.
Otro suceso. El 31 de diciembre de 1987, en su segunda carrera en San Silvestre, cuando buscaba refrendar su primer triunfo, Rolando Vera cayó al piso junto con un centenar de atletas, entre ellos su paisano Mario Tumipamba.
Los otros competidores se alejaron, corriendo muy veloces, y Vera se aprestaba a abandonar la prueba, cuando Tumipamba le incitó.
-Vamos Rolando. Forcemos.
Rolando se lanzó con angustia y luego con furor, corriendo como nunca lo había hecho hasta alcanzar a los punteros. Desde un vehículo de la televisión O Globo le brindaron un vaso de agua y le salvaron, porque se moría de sed.
Con un último y gran esfuerzo logró superar al atleta mexicano Dionisio Cerón, que iba como puntero y se acercaba al triunfo. Finalmente, aplaudido con emoción, Rolando llegó primero y se consagró con su segunda victoria.
Dionisio Cerón fue -poco después- doble ganador de la maratón de Londres y sumó dinero y fama.
Ese 31 de diciembre fue celebrado en la San Silvestre como “la noche del Ecuador”. La carrera de damas fue ganada por Martha Tenorio, de 21 años, quien aún no obtenía ningún triunfo en la carrera de Últimas Noticias y luego ganó otra vez la San Silvestre en 1997 y 10 carreras de Quito.
Además, Sandra Ruales triunfó en la prueba juvenil femenina y Silvio Guerra en la masculina. Noche inolvidable, presenciada personalmente por el autor de esta nota.
Despedida del ‘chasqui de oro’
Rolando Vera fue muy famoso cuando ganó cuatro carreras consecutivas de San Silvestre (1986, 87, 88 y 89). En la de Últimas Noticias logró medallas de oro en 1986, 1987, 1988, 1989, 1990, 1992, 1993 y 1995.
En 1996 se propuso ganar una medalla de oro olímpica, preparándose con entrega total para los Juegos de Atlanta. Quería cerrar su carrera con broche de oro y entrenó con fe y corazón hasta sentir que había llegado a su mejor nivel.
Pero se le cruzaron problemas personales y luego de un excelente comienzo de la maratón tuvo un bajonazo y estuvo cerca de abandonar la prueba. Realizó un esfuerzo –como en Sao Paulo- y llegó en puesto 22, honroso para un atleta del Tercer Mundo pero amargo para quien aspiraba un oro relumbrante.
En esos Juegos, un paisano y amigo suyo, Jefferson Pérez, dio el gran triunfo al Ecuador conquistando la medalla de oro en los 20 km marcha y subiendo al altar de la fama imperecedera.
Rolando se despidió muy triste del atletismo y probó una experiencia política, como diputado de la República.
Terminó el período murmurando ”nunca más” y comparando esa etapa con sus años de ídolo deportivo. Fue cuando se le escapó una lágrima.