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Es una sorpresa que se pregonen campañas de lectura para fomentar este hábito, mientras se prohíbe el pedido de libros en centros educativos.
Causa verdadera sorpresa saber que, contrario a lo que se pregona en las campañas de lectura, como 'Quito lee' y otras, auspiciadas por los Ministerios del ramo que hablan, febrilmente, sobre la importancia de la lectura, las instituciones educativas del país, tanto primarias como secundarias, se encuentren terminantemente prohibidas de solicitar libros a los estudiantes, so pena de importantes y severas sanciones.
Con estas restricciones, los únicos que, como siempre, han salido ganando son los macro-empresarios, dueños de inmensas imprentas, editoriales e incalculables fortunas; que, a pretexto del "Plan Lector" comercializan las obras, con 'ofertas' nada competitivas que rigen para todo el año lectivo, principalmente en los establecimientos particulares.
Esto margina, como es obvio, a los escritores que, sin ningún tipo de apoyo y, a base de mucho tesón y sacrificio, publicamos nuestras obras.
Son estas multinacionales las que, con sus abundantes recursos económicos, materiales y humanos, monopolizan, en forma desleal, la distribución y comercialización de todo tipo de obras literarias; pues como ya lo sabemos: 'el pez grande se come al pequeño".
Con los antecedentes expuestos, hago un clamoroso llamado a las instituciones educativas, a fin de que se sensibilicen y apoyen el talento nacional que, con estas limitaciones y actitudes, se encuentra en un agudo proceso de agonía y… evidente peligro de extinción.
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