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El 16 de agosto de 2007, Carlos Javier Caicedo, capitán del Olmedo, emprendió un viaje de cinco días por tierra hasta Venezuela.
El Ciclón debía jugar ante el Zamora por la Sudamericana y la conocida fobia de Caicedo por los aviones hizo que largara una travesía extenuante.
Tras varios días sobre el asfalto, el esfuerzo de Caicedo fue premiado con el triunfo del cuadro riobambeño que al final clasificó. Historia noble de un deportista ejemplar.
Hace una par de semanas, José Luis Quiñónez, el aguerrido volante de Emelec, hizo un viaje internacional por tierra que lo vio héroe.

A diferencia de Caicedo, él no viajó en micro por ninguna fobia; lo hizo para burlar una medida cautelar judicial de prohibición de salida del país.
Esta medida busca que los obligados no se ausenten del país y respondan por sus hijos. Sin embargo, es muy conocido que muchos hacen ‘la jugada Quiñónez’ para tomar un avión en Lima y de ahí volar “libres” por el mundo.
Atrás quedan los derechos prevalentes de los niños, atrás queda la justicia abofeteada, atrás una (como miles) madre en la escalera del juzgado.
Al final, el cabezazo en el minuto 94 ante Olimpia convirtió a Quiñónez en héroe, pero en realidad solo fue otro gol de la impunidad.
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