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¿Cuál es el escenario más grande de Quito? El estadio Atahualpa, sin duda. Semana a semana, se juegan ahí los casi siempre tediosos y aburridos partidos del Campeonato Nacional.
Rara vez van más de 5 mil personas a ‘entretenerse’ (perdone la ironía) con un fútbol que dista mucho de ser espectacular, llamativo.
La actividad artística triple A (conciertos de grandes artistas, giras intercontinentales) necesita del estadio de El Batán como escenario en Quito.

No hay otra opción. El coliseo Rumiñahui no garantiza más de 20 mil aficionados y sirve para artistas de medio orden. De otros escenarios (JC Hidalgo, estadio de Aucas, Casa Blanca) ni hablar.
Entonces, a menos de que se construya un escenario de magnitud (algo que, por lo que se sabe, no está ni en proyecto) el Atahualpa debería seguir siendo sede de estos espectáculos.
Pero no. El Ministerio del Deporte, haciendo gala de un paternalismo soviético, subvencionará a CDP para que el Atahualpa no vuelva a recibir eventos artísticos.

¿Esta es la salida? ¿Por qué coartar la autogestión de los propietarios del estadio? Si al césped se lo cuida bien, no hay por qué cerrar a un escenario que puede servir para algo más que el deporte y así tener mayor trascendencia social.
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