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El Quito nos recordó que no está ni a medio camino de la gloria de Barcelona, El Nacional y Liga Deportiva Universitaria.
Los esfuerzos, encomiables, notorios y plausibles, no terminan de cuajar porque, simplemente, no se es grande de la noche a la mañana.
Esa palabra “jerarquía” es muy manida, sin embargo no encuentro otra para definir qué fue lo que le faltó al Quito en esta serie con la Universidad de Chile.
Carlos Ischia es un capítulo aparte. El rey de la imprudencia y el desatino. Habrá que leer entre líneas para saber qué mismo pretendía al ventilar, con escándalo digno de mejor causa, el trámite incumplido... de una visa de trabajo.

¿Qué mensaje quería dar al plantel con esta actitud? No se sabe. Pero fue el peor. El Quito ayer saltó al Nacional de Santiago entregado, sin guía alguno, incapaz de reaccionar, donde hasta los más luchadores parecían sedadados.
Puede sonar hasta cruel, pero lo que ayer hizo el Quito es un baldón encima de toda la magnífica Copa Libertadores que realizó hasta el partido de la semana pasada.
En fin, otra vez, el Quito se emparenta con la tragedia (futbolísticamente hablando) de querer ser pero quedarse a medias.
De tener el lobo capturado y quedarse con un manojo de pelos en la mano. En fin, de la búsqueda de una grandeza que, en términos reales, solamente existe en el fervor de sus hinchas.
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