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Cuesta arriba se sienten más los huecos. Eso lo pude comprobar cuando fui a visitar a mi vecina Blanquita Solís, en el barrio La Primavera, en el noroccidente.
Como ella, los moradores del barrio apenas tienen dos vías de acceso. Una de ellas es una cuesta que es como estar escalando el Pichincha. Aunque, por esa ruta, para allá mismo se llega.
La otra, la del lío, es menos empinada pero llena de huecos. Por la calle pasan las unidades del Corredor Sur Occidental, así que la calle aguanta tremendo peso de los buses azules.
Ya con la lengua afuera, llegué a la parada y me topé con que en ese punto la vía parecía cedazo.
Al contarles a mis panas de la Epmmop, luego de unos minutos, me dijeron que notificaron al equipo de mantenimiento. Ahora esperemos que, cuando vuelva donde mi veci, no me tope con los mismos cráteres.
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