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La influencia de Josep Guardiola como técnico del Barcelona es tal que habrá un antes y un después de su gloriosa etapa: hoy es el primer día de la vida blaugrana sin él tras cuatro temporadas de éxito a las que buscará dar continuidad su ayudante, Tito Vilanova.
“Todo seguirá igual”, dijo Guardiola el viernes en su despedida, después de haber ganado la Copa del Rey, el decimocuarto de los 19 títulos posibles en las cuatro temporadas que estuvo en el banquillo, la mejor época de la historia del club culé.
Pese al mensaje tranquilizador del ‘mesías’ barcelonista y de otros actores del club, la afición, desvalida, teme quedarse sola.

Y es que Vilanova, arquitecto también de los éxitos a la sombra del carismático ex jugador, debe soportar el peso de los números: Guardiola dirigió al Barçelona en 247 partidos oficiales, de los que ganó 179 (72 por ciento), empató 47 (19 por ciento) y perdió sólo 21 (9 por ciento).
Pedro, delantero surgido de las categorías inferiores, emblema de la confianza de Guardiola en los jugadores de casa, definió esos números con un adjetivo: ‘Ilógicos’.
El viernes, cuando Leo Messi anotó el segundo tanto en el triunfo por 3-0 ante el Athletic de Bilbao en la final de la Copa del Rey, el número 73 en una temporada en la que el argentino chorreó goles, Guardiola se fundió en un abrazo con Vilanova.

Un entrega de testigo que venía a decir: “Sigue construyendo el equipo en torno a la Pulga”.
“Ha sido un privilegio entrenar al mejor jugador que haya visto y probablemente veré”, dijo Guardiola, que auguró un gran futuro al argentino de 24 años.
“Con su edad y su alma competitiva seguirá dando mucho más”, tranquilizó ‘Pep’ a su sucesor.
“Con la idea que hay, habrá un punto seguido”, reforzó Guardiola, que, modesto como siempre, prevé que se olviden de él ‘en seis meses’.
Aunque el defensa Gerard Piqué muestra su confianza en Vilanova, admite que la salida de Guardiola será ‘traumática’.
“El club se va a reforzar muy bien”, confío Guardiola. Y es que a partir de hoy, Vilanova comenzará a planificar el nuevo plantel junto al director deportivo, Andoni Zubizarreta.

Suenan nombres como el del central brasileño Thiago Silva, el lateral zurdo galés Gareth Bale y el atacante holandés Robin van Persie.
Independientemente de quiénes sean los elegidos, esos parecen los puestos que deben ser reforzados.
Llegue quien llegue seguramente será una estrella más para un vestuario en el que Guardiola sacó matrícula de honor en gestión de egos.
Más allá de sus conocimientos futbolísticos y sus dotes de estratega, Vilanova deberá demostrar personalidad ante unos jugadores que saben que, a diferencia de Guardiola, su nuevo técnico nunca brilló en el fútbol.
¿Cambiará Vilanova muchas cosas? ¿Le seguirán los jugadores casi a ciegas como a Guardiola?
El nuevo técnico, cuyo tono de voz es desconocido para el gran público, se enfrenta a un reto mayúsculo.
Todo empezará en agosto, en la Supercopa de España ante el Real Madrid, justo en el primer aniversario de la agresión de Jose Mourinho, que le metió el dedo en el ojo y le hizo famoso por un día.

El debate dialéctico desde el atril con Mourinho lo perderá seguro Vilanova, con menos imagen que su antecesor y que su rival directo.
Pero lo que le importa de verdad es recuperar el mando futbolístico que asumió ahora el Real Madrid con el título de Liga.
“Esto no se acaba”, insistió Guardiola, que suelta la mano a un equipo al que llevó a lo más alto y que ahora debe caminar solo.
DPA
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