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Sepultaron a niños
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El velorio de los pequeños se realizó en una casa ubicada en El Placer. Fueron enterrados en El Tejar.. Foto: Evelyn Jácome / UN

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|CIFRAS CLAVES

133 personas perdieron la vida desde enero hasta mayo de este año en accidentes de tránsito en Quito. Esas son las cifras que maneja El Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana.

18 personas murieron al ser arrolladas o atropelladas solo en mayo, en el Distrito de Quito. Ese mismo mes, 5 fallecieron por choque. De los fallecidos, 17 fueron hombres y 6 mujeres.


Accidente

Una familia que fue atropellada en Carcelén ahora vive la agonía de ver morir a sus dos únicos hijos en un accidente.

 

Nelson personifica el dolor y la desesperanza. Parado frente a una cruz dorada, incrustada con siete focos, en medio de dos pequeños ataúdes blancos, solo avanza a decir unas palabras antes de desmoronarse: mi vida está destrozada.

 

Unas 16 gradas angostas, oscuras, llevan al segundo piso de una casa, en la calle Lorenzo de Cepeda, en El Placer. Aquí fueron velados los dos hijos de Nelson Guaranga. La ausencia de su esposa es evidente: ella  sigue hospitalizada en el Eugenio Espejo.


La tarde del domingo, Nelson, su mujer y sus dos hijos fueron embestidos por un vehículo en Carcelén, mientras esperaban un taxi que los llevara a su casa, en la Quito Sur.

 

"Estábamos en la vereda. Ellos arrimados a la pared y yo parado dándole la espalda a la calle. En eso escuché que frenó un carro y cuando regresé a ver ya no pude hacer nada. Me golpeó en el pecho y luego se fue llevando a toda mi familia.

 

Ni siquiera vi a la mujer que conducía y que ahora está presa. Yo solo quería salvarles a mis hijitos. Los agarré, pero ya no pude hacer nada", recuerda el hombre de 26 años. Calla por unos segundos y sin quitar la vista de uno de los féretros recuerda: "Mi hijo quería ser Presidente".

 

El mes entrante, Kevin cumpliría 7 años. Le gustaba el fútbol, ver dibujos animados y jugar a que era 'Spiderman'.


El día del accidente el vehículo lo arrastró y quedó atrapado entre el auto y la pared. Murió en ese instante. "Al 'pulguita' (así le decía su padre) casi no se lo reconocía".


En medio de los dos ataúdes, rodeada de 13 ramos de flores, hay una gran foto donde aparece Kevin tomado del brazo de su hermana, quien a inicios de mes cumplió 5 años. Ella, vestida completamente de blanco y él, de marinero. Esa foto  fue tomada el día del bautizo de los dos niños, hace un año.


La pequeña
Se llamaba Nantar Dayana, pero su papá le decía 'churitos'. Ella estaba junto a su madre cuando el vehículo los impactó. Debido al golpe, fue arrojada a varios metros de distancia.   

Etelcina Guaranga, madrina de la menor, cuenta que la niña fue trasladada, aún con vida, al Hospital San Francisco, en Carcelén, pero que por su estado de salud, debieron llevarla al Carlos Andrade Marín, en  Miraflores.

 

Su esposo acompañó a la niña en la ambulancia. "Estaba inconsciente. Su pierna estaba muy afectada. Su carita estaba con moretones. Su cráneo estaba muy golpeado".

 

Pasadas las 17:00 llegaron al hospital. La menor fue ingresada a emergencias. Una hora después, la pequeña sufrió dos paros respiratorios.

 

Su padrino cuenta que a las 18:45, un médico les informó que la niña necesitaba una cirugía, pero 10 minutos después, volvió a salir para indicarles que, lamentablemente, había fallecido.


La madre
Se llama Flor y desde que tenía 16 años se fue a vivir con Nelson, antes de concluir quinto curso. Flor, oriunda de la Amazonía, no trabajaba. Tuvo la suerte de pasar los días y las noches junto a sus niños, de criarlos. Hasta el domingo pasado, lo tenía todo

 

Ahora, acostada en una cama del Eugenio Espejo, lucha con la idea de saber que su brazo le fue amputado y con la necesidad de querer abrazar a sus dos pequeños, a quienes no ha visto desde el día del accidente. Aún no sabe que ambos murieron. Los doctores le recomendaron a Nelson que no le revelara la verdad.

 

"Cada que me ve me pregunta por nuestros hijos. Yo le digo que están bien. Ella me pide que le jure que están a salvo y yo no puedo hacer más que mentirle", recuerda  Nelson, con el dolor afilado que solo un padre que ve morir a sus hijos puede tener.


El sonido del acordeón rompió el silencio. Las notas de 'Paloma Blanca' hicieron que el lugar se llenara de lágrimas y gemidos.

 

Nelson se puso de pie y pidió a sus familiares que lo acompañasen a la Iglesia de El Tejar. Acomodó los ataúdes de los niños en los hombros de unos familiares y esperó a que la sala se vaciara. Caminó lento, respiró despacio y se fue masticando su agonía: "Nadie me puede entender. Yo también morí".

 

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