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El ídolo quiteño es ingobernable como Afganistán, equipo querido, tradicional pero conflictivo. Cuando parece que todo marcha bien, los problemas, reclamos, intrigas, no se hacen esperar.
Para algunos de sus seguidores es una especie de River Plate criollo, un histórico que volverá sin tropiezos a la categoría de privilegio, club poderoso que tiene la obligación de arrollar a los adversarios.
En esta primera parte de la Segunda Categoría, los orientales ganaron con suficiencia, están a ocho puntos de ventaja sobre el Cuniburo.
Una derrota la convierten en tragedia, un traspié en deshonra. El dinero escasea, abundan las deudas.
La salida de José Moreno obedece a falta de convicción, inexperiencia dirigencial del interperante Ramiro Gordón.
El grave error de Moreno fue no haberle frenado a tiempo al ‘ídolo dentro del ídolo’, Gustavo Figueroa, jugador con poses de crack sobredimensionado en la institución oro y grana.
Es tal la visión ingenua y simplista que maneja la familia Gordón, que cree que el Aucas debe ganar, gustar, golear, brindar espectáculo.
Le tocó el turno a Julio Asad, ojalá no se convierta en la siguiente víctima. Maniobra temeraria de don Ramiro, el tiempo lo dirá.
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