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Se trata de la principal producción original para este año del Teatro Sucre, en el centro histórico de la capital, con la participación de 70 bailarines y cantantes ecuatorianos e internacionales.
El musical, estrenado anoche, se presenta también la noche de hoy y la de mañana en el escenario de capital ecuatoriana. En el escenario del Teatro Sucre, de estilo clásico europeo con 125 años de existencia, se creó, tras más de seis meses de ensayos, una estética urbana, con música de jazz y swing de los Estados Unidos de los años cincuenta.
El musical al estilo Broadway cuenta con la música de Leonard Bernstein, letras de Stephen Sondheim, el libreto de Arthur Laurents y los derechos concedidos por parte del Music Theatre International. La obra es un trabajo coordinado de música, danza y baile, con cerca de 60 bailarines a cargo del coreógrafo argentino Alejandro Ibarra, la orquesta de 16 músicos y cerca de 12 cantantes dirigidos por el estadounidense Ray Fellman y la escenografía a cargo de la española Ana Garay.
Uno de los papeles principales, el de Tony, interpretado por Nicholas Fitzer, de Estados Unidos, fue ovacionado por el público, al igual que el de Anita, interpretado por la ecuatoriana Paula Herrera. Para la directora escénica, Chía Patiño, la idea de llevar a escena el musical radica en “la actualidad y atemporalidad de la temática” . “El conflicto racial y social se vive a diario en cualquier ciudad del mundo, el miedo y los estereotipos a lo culturalmente desconocido es inherente al ser humano, por lo que la rivalidad sigue vigente hasta el día de hoy: época de constantes migraciones, de flujos de personas que van y vienen de sur a norte, y de norte a sur” , dijo Patiño en una entrevista en radio Visión.
La obra, dijo Patiño, fue creada en 1949 cuando “había muchas tensiones internas en Estados Unidos porque estaban en medio del conflicto internacional y el comunismo” . Aunque la obra original se desarrolla en los años cincuenta en Estados Unidos, la versión del Teatro Sucre se adaptó a la época actual “porque es una realidad de Estados Unidos que conocemos mejor el público ecuatoriano” , según Patiño. La realización de este musical se trató de un “desafío” para el Teatro Sucre, según Patiño: “lo escogimos porque tenemos ganas de seguir creciendo” .
Esta obra traslada la historia de Shakespeare, Romeo y Julieta, a un conflicto de pandillas en el West End, de Nueva York, en la década de los 50, época en la que los conflictos entre bandas eran parte del diario convivir. Es la historia de ese primer amor ingenuo entre María que es una latina recién llegada a Estados Unidos y para Tony que pertenecía a los gangs de ese país. Es un encuentro de esos dos mundos, un amor prohibido en medio de la disputa por el dominio de las calles de un barrio.
La obra representa esta problemática a través de los “jets" (estadounidenses nacidos de emigrantes polacos, checos, italianos e irlandeses), y los “Sharks” (migrantes portorriqueños) .
(ANSA) .
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