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¿Cómo se arma el festival y de dónde vienen los recursos para este año? Empieza apenas se acaba el anterior. Se activan nexos (con prensa y con entidades) y se sigue a las bandas permanentemente (conciertos, apoyo y difusión). Hemos ajustado mucho este año para conseguir los tres días, algo complejo por la precariedad económica del espectro cultural del país. Pero a la vez eso nos motiva a buscar la manera correcta para conseguir recursos. Hemos logrado acuerdos y apoyos, especialmente con Yachay, las NN.UU., el Municipio y el Ministerio de Cultura.
La Rocola, Sudakaya, Muscaria y Tanque van por cuarta vez. ¿Hay amiguismo? En un país en que la escena está recién empezando necesariamente somos amigos de las bandas. Una cosa es ver cuántas veces tocan (las mencionadas) en el festival y otra es ver la continuidad que hemos dado a otras y los espacios que hemos permitido a lo nuevo. Este año no nos íbamos a limitar por el hecho de que los grupos ya han tocado. Ellos son esenciales en el desarrollo de la escena. Si tienen que repetir y tienen éxito, hay que apoyarlos y dar oportunidad de que se integren de nuevo con su público que cada vez es más masivo.
¿Cómo se hace para tocar en el festival? Se usa mucho la carpeta y los discos (una buena herramienta), pero estamos pendientes de cómo arman los conciertos, cómo se manejan en redes sociales y cómo se relacionan con su público. Ahí empieza el interés. No tenemos capacidad para saber lo que pasa en todos los estilos. Ahí necesitamos asesoramiento (de colectivos con propuestas congruentes y comunitarias).
¿Qué es lo más difícil para el festival? En lo de los permisos hay muchos problemas todavía. Por la garantía de organización debería haber menos restricciones. Por otro lado, el Estado ahora tiene políticas que ya funcionan pero a nivel privado hay una torpeza en no reconocer el trabajo y desaprovechar el espacio para difundirse. Esperamos que haya un cambio generacional ahí.
Un poco más
Sobre las bandas extranjeras. No es cuestión de querer traer uno u otro acto. Según Castellanos, para que una agrupación foránea toque en el festival, tienen que darse ciertas coyunturas (presupuestarias y de disponibilidad). Sobre los espacios en la ciudad. El festival surgió ante la falta de espacios apropiados para tocar. A 10 años del primer Quitofest, Castellanos cree que los lugares para presentar música en la ciudad aumentaron, pero no necesariamente en calidad. “Ahora hay más pero son comercializados y banalizan la música. Les importa más la venta de bebidas”. La edición más compleja. La del 30-S. “Nos dimos cuenta lo frágil del sistema. Salimos adelante sacando de donde no hay”.
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