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La vida entre acordes y vitrales
Escrito por Víctor Vizuete   
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Pablo Mora artista personaje Quito 2012

Pablo Mora fue parte de dos de las bandas más icónicas del país. Foto: Guillermo Corral/ UN

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Luchar por hacer lo que nos divierte es la clave de vivir bien. Si te gusta el arte, practícalo.’

 

 


Chulla Vida

Pablo Mora Ordóñez: músico, vitralista y arquitecto.

 

Con unos padres cultos, artistas y amantes de la música, a Pablo Emiliano Mora Ordóñez no le quedaba otra que seguir el cauce del río familiar. Era como si su vida futura ya estuviera dibujada en las líneas de su ADN. 


Y como su abuelo tocaba y entonaba la viola; su madre cantaba con buen son en las tertulias familiares; y su padre rasgaba la guitarra cada vez que podía, a Pablo no le quedó otra que ser músico.

 

Claro que esa inclinación genealógica tuvo un primer gran empujón desde el hombro de los amigos, especialmente de Patricio Duque, en el colegio, y de Sergio Sacoto, en el día a día.

 

Esa afición se cimentó en los Estados Unidos, cuando en un intercambio estudiantil en Pensilvannia conoció a Wein McHalik, un compinche cultor del rock que le introdujo en ese mundo de ritmos y estridencias. De regreso al terruño, y por insistencia de Sacoto, formó parte durante un corto tiempo de los Cruks en Karnak y se adentró en la onda del rock pop 'made in' Ecuador.

 

Cuando se fue a vivir en Los Chillos, su afición musical cambió de trole y se embarcó en el pop que diagramaban sus vecinos y amigos: los hermanos Jácome.

 

Mora recuerda que su integración a Tercer Mundo nació casi de una charada. "Como el grupo se había quedado sin bajista y tenía una presentación urgente, Daniel me preguntó si sabía tocar el bajo. No ha de ser difícil si son solo cuatro cuerdas, le respondí. Entonces me entregó unas canciones y me conminó  a que las aprendiera a la voz de ya".

 

Esa colaboración con Tercer Mundo se prolongó por una década, hasta el 2000, cuando Pablo creyó que su ciclo estaba concluido. "Además, como ya estaba  casado, necesitaba más espacio para compartir y convivir con la familia".

 

Pero como la música es como un ave rapaz que nunca suelta a su presa, Mora no pudo desligarse completamente de ella. Es más, en este mismo momento está poniendo a punto un nuevo CD junto a su amigo Daniel Jácome. Es un trabajo musical orientado al culto; es decir, hacia quienes valoran el pop de esencia. Será un disco compacto con mensaje, con mucho condumio.

 

Pero la música no es la única habilidad familiar heredada por este quiteño, nacido el 28 de marzo de 1969. El vitralismo es otro oficio que le viene desde el árbol genealógico. Y es para Pablo más trascendente que la música... porque es el que provee los dólares para la familia.

 

La pasión por esas obras de arte elaboradas con vidrios de colores, cañolas y grisallas es, en los Mora, una transmisión familiar directa. Oswaldo, el padre, es considerado el más grande vitralista de la vieja guardia; Pablo, el hijo es, por consenso general, el mejor artífice de este arte en los momentos actuales.

 

Como todo alumno, Pablo quiere superar a su maestro. Por los 'encargos' que tiene su taller El arte del vitral (www.moraarte.com), va en ese andarivel. Hace poco colocó los vitrales de dos iglesias icónicas del cantón Rumiñahui: la matriz de Sangolquí y la del Señor de los Puentes, en Capelo, de San Rafael.

 

El arquitecto Eduardo Vallejo, el restaurador de la joya de Capelo, aplaude sin reservas la sapiencia de este   alquimista de 43 años. "Son trabajos que no tienen nada que envidiar a los mejores de la época gótica, considerados los más logrados de todas las épocas. Son perfectos".  

 

El vitral con el que posa Mora en la fotografía, que pertenece a la Universidad Andina Simón Bolívar, es un ejemplo de su técnica.

 

Ahh, un detalle que casi pasa por alto: Pablo también es un arquitecto graduado en la U. Central. Aunque, reconoce sincero, de arquitectura ha hecho poco; casi todo para los familiares y amigos.

 

Casa Ceibo, el hotel boutique cinco estrellas de Daniel Jácome emplazado en Bahía de Caráquez, es uno de sus trabajos destacados. Claro, también está lleno de sus vitrales; desde las lámparas hasta la piscina. Es su sello personal, sin duda.

 

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