|
Mañana, el compatriota cumplirá 23 años. Reconoció sus temores iniciales. El séptimo puesto lo honra.
Estaba claro que la lucha para Álex Quiñónez iba a ser titánica. Al frente suyo tenía siete rivales, todos con mejores marcas y mayor experiencia en los 200 metros llanos y en otras variantes de la velocidad. Al contrario de lo que pasó en fases eliminatorias, Usain Bolt apretó a fondo el acelerador. Tan a fondo, que en los metros finales, con la victoria asegurada, pudo aflojar un poco. Imprimió 19:32.
Una vez que se decretó la victoria, Bolt apareció ebrio de felicidad, al punto de compararse con Mohamed Alí y Michael Jordan. "Cada uno en su deporte. Alí en el boxeo, Jordan en el baloncesto. Yo estoy en la misma categoría", aseguró el caribeño, en un encuentro con la prensa que ha sido calificado como de lo más desopilante de los Juegos Olímpicos.
En medio de la euforia, Bolt dejó claro que no lo quiere ni un poquito a Carl Lewis, el norteamericano ganador de 10 medallas olímpicas. "Perdí todo el respeto por él", dijo Bolt, quien al parecer no perdona que Lewis haya afirmado que en Jamaica no existen controles antidopaje serios.
Mientras Bolt hablaba, las pantallas del mundo todavía mostraban su gesto afrentoso a la llegada, cuando se puso a hacer flexiones de pecho, una forma de decir 'tengo tanta fuerza que puedo correr rápido y hacer también esto'.
Tensión Y si de gestos hablamos, el de Álex Quiñónez, a la partida, lo mostró inocente en medio de ese mar de tiburones que es la élite del atletismo mundial. Mientras la cámara de la señal internacional lo enfocaba en la presentación, movió las manos en gesto de 'ya me fregué'.
Ya en la pista, su desempeño estuvo a la altura de la ocasión. No desentonó, porque alcanzó a superar al sudafricano Jobodwana y quedar dentro de los 7 mejores velocistas del mundo, en esta distancia.
El tiempo que registró (20:57) no fue el mejor de su cosecha, pero bastó para que un país entero se pare a aplaudir. "En esta temporada he hecho cosas que no esperaba", dijo después de la prueba de ayer. Reconoció su tensión inicial. "Me pasaban cosas por la cabeza, te sientes nervioso porque miras alrededor y ves millones de gentes, te preguntas qué está pasando. 'Vamos a hacer todo lo posible', te dices. Te sientes extraño".
Quiñónez se lleva de Londres más de lo que soñaba, aunque el sábado, cuando celebre su cumpleaños número 23, algo le faltará. "¿Hablaste con Bolt durante los Juegos?", le preguntaron. "No". "¿Ni una palabra, nunca te saludó?". "No, nada", admitió.
|