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Así lucharon 30 bomberos contra el fuego. Su llama no se apaga. Aquí la historia.
Son las 10:00 del jueves y el humo cubre el sector conocido como La Isla, ubicado en la av. Simón Bolívar a pocos metros de la vía a Nayón.
Parado a la derecha de la quebrada que está en llamas (tres hectáreas) Carlos Miño, encargado hasta ayer de la zona Tumbaco del Cuerpo de Bomberos de Quito (CBQ), da instrucciones a 30 uniformados que intentan mitigar el siniestro desde las 06:00.
El lugar es una pendiente de entre 40° a 90°; por donde los bomberos bajan unos 300 metros. Sobre la pendiente también hay personal de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), quienes entregan hidratantes a los bomberos y cortan la maleza para crear un camino más accesible.
"El acceso es complicado y peligroso. Esto ya lo vivimos en las 45 hectáreas que se han quemado en Tumbaco", señala Miño.
Una realidad que se repitió en las 200 hectáreas incineradas en el Distrito, durante este verano. Así lo afirma Fabián Heredia, director de siniestros del cuerpo de Bomberos. Él también señala que el 95% de los incendios han sido provocados.
Y de hecho, esa posibilidad no se descarta en este incendio, pues Miño explica que el evento se inició el miércoles pasado y ya fue controlado a las 23:00. Han transcurrido 30 minutos y el bombero Juan Zapata corre hasta la avenida. Ahí hay una piscina de cuatro metros cúbicos, que se ha llenado constantemente de agua con cuatro tanqueros de la Epmmop, cada uno contiene 1500 galones.
"Nos está ayudando el Municipio con agua porque nosotros ya ocupamos cuatro tanqueros. Además, el helicóptero Aéreopolicial también está regando líquido", dice.
Un buen susto Son las 11:03 y se ve cómo una llama avanza a la avenida, pero esta vez al lado izquierdo de la quebrada. Tres bomberos atacan el fuego con una maguera. "El viento cambió de dirección y eso bastó para que se encienda esa parte. Eso ocurrió hace una hora y un compañero fue al Hospital", comenta Miño.
Se refiere a Richard Rodas, quien sufrió quemaduras leves en su espalda y sistema respiratorio por el humo y fuego. Y no es el único riesgo al que se exponen estas personas, pues Luis Rivera, médico general, señala que es normal que con el tiempo los bomberos necesiten oxígeno para respirar, pues constantemente están inhalando químicos y humo. "Es como si se fumaran tres cajetillas diarias".
La lucha no termina 12:00. Cubierto de hollín y cansado (al punto que ya no puede ni hablar) el bombero Moisés Ballesteros ingresa nuevamente a la quebrada. Él es uno de los que logró controlar el incendio del lado derecho.
"Este es nuestro trabajo y lo hacemos con orgullo", dice mientras se pierde entre la maleza y el humo. Según Miño, hasta la tarde de ayer el incendio no pudo ser controlado, por lo que los 30 bomberos seguirán, hasta que sea necesario, apagando el fuego con esa llama heroica que nunca se extingue.
El incendio fue controlado a las 21:26.
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