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2012-08-18 13:41:01

La mujer de las manos sanadoras en Sangolquí

CarmenCarmen Almeida Sosa cuenta que el u00e9xito de una recuperaciu00f3n reside en cumplir a rajatabla la rehabilitaciu00f3n prescrita por los especialistas. Fotos: Bolu00edvar Vu00e1squez/UN

Sangolquí es una ciudad chica o un pueblo grande, según el ojo de quien lo mira. La capital del hornado es, todavía, una urbe donde lo que sucede en la una punta se sabe -debidamente corregido y aumentado- en la otra... y con la velocidad de la fibra óptica.u00a0Como sucede en estas poblaciones, todo el mundo se conoce. Y los personajes forman parte de la vida cotidiana de todos los hogares; incluida la marea de quiteños que inunda los nuevos conjuntos residenciales y que tiene que adaptarse al quehacer sangolquileño a la velocidad del rayo.u00a0Cosa que los inmigrantes capitalinos hacen con mucho placer, dada su fama de

picarones, picaflores y comilones; igualitos a los nacidos en

Los Chillos.u00a0Uno de esos personajes es Carmen Almeida Sosa, una fisioterapista de 38 años, sangolquileña por los cuatro costados.u00a0Nacida, amamantada, crecida, estudiada, enamorada y casada en esta ciudad. Como afirma su coterránea y cliente Margarita Flores, la licen Carmita es más conocida que El hueco, el rincón de comidas tradicionales sangolquileño por antonomasia, emplazado en el corazón de Selva Alegre.u00a0Con decir que su padre, Rubén Almeida es, talvez, el más famoso chagra del cantón Rumiñahui. Un ícono del caballo y la chamarra; del poncho y del zamarro; del sombrero de ala ancha y el puro del bueno.u00a0Es un infaltable de las fiestas de septiembre y uno de los maestros de ceremonias del Paseo del Chagra, el evento chacarero donde los cracks parameros demuestran su habilidades en la doma de caballos chúcaros y encandilan a los asistentes con sus embates y cabriolas.u00a0De hecho, gran parte de la fama de manos mágicas que tiene esta fisioterapista, graduada en la Escuela de Tecnología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central,

tiene relación directa con su archiconocido padre.u00a0u00a0¿La razón? Le recuperó de la postración total y le puso a domar caballos ariscos y lidiar

toros bravos nuevamente. Y no una, sino dos veces.u00a0La primera fue cuando su progenitor quedó cuadripléjico luego de que un toro endiablado le embistiera en una de las corridas de pueblo.u00a0Tientas que se corren en la urbe por su onomástico y que forman parte del acervo cultural de esta comunidad, que ama los toros populares con la misma pasión que al chancho hornado, las fiestas de vísperas, los fuegos artificiales y los canelazos.u00a0La segunda, en cambio, fue cuando don Rubén fue embestido por un tráiler desbocado, que le dejó medio muerto y con varios huesos rotos a la vera del camino en la E35, más conocida como la vía a Amaguaña.u00a0En ambas ocasiones, Carmita dejó a su padre papelito y refrendó con sobresaliente su solvencia en el oficio.u00a0Un profesionalismo que se cimentó poco a poco; de masaje en masaje; de terapia en terapia.u00a0Que aprendió los primeros secretos en las prácticas rotativas en las salas de traumatología, fisiatría o neurología de

hospitales como el Vozandes y el Eugenio Espejo.u00a0Nuevita, casi casi con el título bajo el brazo, tuvo la oportunidad de continuar con el aprendizaje en el consultorio del traumatólogo Aurelio Aguirre y la fisioterapista Mónica Guachamín.u00a0Era una amplia sala de terapias que estaba emplazada en el centro histórico de Sangolquí y que era muy visitada por enfermos y lesionados de toda índole.u00a0Allí laboró por el lapso de cuatro años, un tiempo que la profesional considera muy valioso porque aprendió las técnicas idóneas y específicas para los diversos tipos de dolencias, lesiones o neuralgias.u00a0u0093Porque una fisioterapista no solo está preparada para tratar afecciones traumatológicas (articulares, musculares, de ligamentos, roturas de huesos...) sino también de nervios o estrés. De cansanciou0094.u00a0Hace 11 años, junto a su esposo, Luis Ortiz, abrieron el centro de terapia física y rehabilitación Almeida (Cetefira). Lo ubicaron en un local de la calle Espejo, entre Quiroga y avenida Abdón Calderón. Y allí siguen hasta ahora.u00a0Carmen realiza la labor médica y Luis se encarga de toda la tramitología legal y de que los números siempre estén con saldo a favor.u00a0Hasta el centro llega, de lunes a sábado y de 08:00 a 20:00, una legión de enfermos, operados de diversas fracturas o personas con diversos tipos de contracturas.u00a0Todos asisten con la fe puesta en la técnica y las manos de la licen Carmita y con la petición del tratamiento prescrita del médico respectivo. Cada sesión en Cetefira cuesta USD 10.u00a0Al final del tratamiento, la inmensa mayoría sale satisfecha y contenta. Con las energías renovadas y el cuerpo en perfecto estado. Ese es el caso de Sandra Tasipanta, de Olga Espinosa, de Patricio Quilumba... de cientos de personas agradecidas.u00a0Más de Chulla vida:u00a0Un experto en relojes triple ALa vida entre acordes y vitralesEl cómplice de la fantasíaOcho décadas entre pinceles y claves morseAnimar en clave JaTrotamundos y pescador de imágenesObispo de la filigrana