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8 de febrero de 2019 09:38

Muertitos en Santo Domingo, con deudas

Las criptas requieren continuo mantenimiento. Foto: archivo / ÚN

Las criptas requieren continuo mantenimiento. Foto: archivo / ÚN

Redacción Últimas Noticias
(I)

“Se pide a todos los herederos ponerse al día en el pago de las cuotas de mantenimiento del Cementerio. Atentamente, la Administración”. Ese rótulo se colocó en la sala donde se pagan las limosnas de las misas que se realizan en la iglesia de Santo Domingo (calles Guayaquil, entre Rocafuerte y Bolívar).

Fray Gonzalo Suárez, el prior del convento de la orden dominica, explica que dentro del complejo patrimonial hay tres criptas con algo más de 2 000 tumbas: una está bajo la capilla de la Virgen del Rosario, otra detrás del oratorio de la Virgen de Pompeya y la tercera junto al espacio dedicado a la Virgen de La Escalera.

Si bien los nichos son de propiedad de los deudos, desde el 2010 se estableció una cuota para ayudar al mantenimiento de estos enormes espacios y evitar su deterioro. Actualmente, la cuota está en USD 20 anual, pero ni así pagan.

De allí que el llamado a ponerse al día es urgente. Cierto es que algunos herederos deben varios años, pero -como reconoce el fraile- cuando vienen van pagando todito y hasta dejan una limosna.

Pero hay otros, la mayoría, que no asoman ni las orejas, y a ellos se les hace el llamado más comedido para que no sean malitos y vengan a ver a sus difuntos. Y, obviamente, paguen lo que deben.

Las criptas de Santo Domingo tienen muchísimos años, incluso hay tumbas desde 1800. Así que, justo por eso se requiere mayor cuidado. Al momento, estas criptas lucen relativamente en buen estado, pero nunca faltan arreglos por aquí y por allá.

A simple vista, el sistema eléctrico es lo que más urge una intervención. También el arreglo de humedades y un sistema de ventilación.

Fray González recuerda que este complejo sistema de criptas sirvió, durante varios años, para la inhumación de allegados a la comunidad dominica. Es que había una creencia popular que entre más cerca del altar mayor le enterraban, más cerca del cielo llegaría.

Por eso había muchos pedidos para ser enterrados en estos sitios y no solo en el complejo de santo Domingo, sino en la mayoría de conventos e iglesias del Centro Histórico de Quito.