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4 de enero de 2019 09:37

Encantador de perros de la calle

Don Gonzalo con algunos de los perros de la manada. Foto: Betty Beltrán / ÚN

Don Gonzalo con algunos de los perros de la manada. Foto: Betty Beltrán / ÚN

Betty Beltrán
(I)

Sus ojos son chiquitos, pero cuando habla de los perros que cuida por pura voluntad los abre como platos. Se emociona cuando recuerda que el primer animalito que llegó a su vida fue hace ocho años, y lo llamó Chucho.

A la semana tuvo tres mascotas que las encontró en la calle. Actualmente alimenta y cuida a 50. A todas les ha puesto un nombre y solo pega un silbido para que se acerquen a él y le muevan la colita.

El samaritano de esos peludos pobres y sin dueño se llama Gonzalo Ushiña, un quiteño de 66 años y hace 19, jubilado de la Aduana. También prodiga atención a gatos, tórtolas y palomas.

Dos veces al día cocina para alimentar a su familia. Y lo repite una y otra vez: “Los animalitos son mi familia y todo mi tiempo lo dedico a ellos”. Tanto que en las recientes fiestas de Navidad y de Fin de Año las pasó con ellos.

En su casa, ubicada en el conjunto Jardín Sur, frente al Colegio Técnico Sucre (sector de San Bartolo, en el sur), vive con seis perritos, aunque el Chucho es el preferido. Es tan meticuloso que dos o hasta tres veces al día limpia todo el espacio para evitar malos olores. Y obviamente, cualquier reclamo de los vecinos.

El resto de la manada está repartida en los alrededores del sector de San Bartolo. Uno de esos sitios es en un terreno localizado a 50 metros de su casa, allí están cuatro perros y, hace poquito nomás, hasta un equino.

La segunda parada es en una mecánica, allí siempre le esperan unos 10 perritos y un montón de gatos. Los animalitos lucen maltratados, por eso don Gonzalo los prefiere y les da bastante comida. A los gatos, leche y pepas de balanceado.

Cerca del Parque de las Diversidades (exFactory), en el parque El Calzado, en la cartonera y a un costado del Hospital IESS-Sur está el resto de animalitos que siempre esperan a don Gonzalo. También hay tórtolas y palomas.

En estos ocho años de estar dedicado a dar una mano a la fauna urbana abandonada, a unos 100 ha logrado dar en adopción. Eso le da un alivio a su menguada economía.

A los cinco perros que están en el IESS-Sur, los más grandes y viejos, les prodiga un cuidado extra. Todos tienen pelaje entre café y amarillo; se llaman: Katiusca, Osito, Nena, Niña y Pata Suelta. Y comen un montón, acota; de ahí que aun cuando don Gonzalo está enfermo deja de lado el dolor y se moviliza para alimentarlos.

Será por eso y por todo lo demás que, los vecinos del sector, le llaman ‘el encantador de perros pobres’. Como el sobrenombre se ha generalizado, cada vez y cuando abandonan en el parque El Calzado a algunos animalitos.

Al día gasta, dice, unos USD 25, libre de las pepas que almas caritativas le ayudan, sobre todo doña Lily de una emisora de la capital (da alimento y paga curaciones) y una institución bursátil de Quito (cinco quintales al mes).

Para las esterilizaciones, el Municipio le ayuda a través de la clínica que hace poco abrió en el sur. Allí la gente le apoya para que la población de animales sin dueño no aumente.

Como ve, hace falta más solidaridad, así que si usted quiere colaborar con alimento solo tiene que llamar al 098 714 9393. También requiere de cobijas, casas de madera… A veces, confiesa don Gonzalo, ha tenido que fiar en la tienda para hacerles la comida.

Vuelve a entristecerse cuando dice que hay cualquier cantidad de animalitos solos en la calle, por eso hace un llamado: “Por favor, no boten a sus animalitos; y si miran a algún peludito pobre en la calle, denle aunque sea un pancito y nunca les pateen”.

Son almas generosas y leales, apunta. Por eso cuando sus mascotitas mueren, les llora y sus ojos se hacen más chiquitos de lo que son; luego les cava el hueco y las entierra en el panteón de su familia peluda. Allí, en el parque de El Calzado, ya tiene enterrados a más de 20 perritos.