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8 de febrero de 2019 15:59

De estudiante a rectora de la Politécnica

En su despacho, Florinella trabaja por sacar adelante a la Politécnica. Foto: Betty Beltrán / ÚN

En su despacho, Florinella trabaja por sacar adelante a la Politécnica. Foto: Betty Beltrán / ÚN

Betty Beltrán
(I)

Su primer nombre y su segundo apellido son italianos, pero Florinella Muñoz Bisesti es bien quiteña (1967). Es más, nació por el Pasaje Solano (sector La Alameda), pero al año la familia decidió cambiarse al norte, por el barrio El Rosario.

Estudió en el jardín Piedad Larrea; iba, de la manito, con su hermano un año menor que ella. La escuela y el colegio los hizo en el Sagrado Corazón. Siempre fue estudiosa, y quería ser mujer astronauta.

Sin embargo, la docencia ganó. Tanto que a sus muñecos de juego los convirtió en alumnos y les hacía cuadernos. Ese oficio lo llevaba en la sangre, sus tíos eran profesores. En su casa, su padre (farmacéutico) y su madre (estudió Medicina), le dejaron elegir.

En el colegio se inclinó por Físico-Matemático, porque pensó apostar a la Arquitectura, pero en esa época la Central estaba cerrada y su tío le dijo que entrara a la Politécnica Nacional, en donde era maestro, y mirara si le gustaba.

Buena decisión, porque de ahí en más echó raíces en ese campus y se matriculó en Ingeniería Química. Como le gustaba dar clases, se enganchó como ayudante de Laboratorio. Enseguida llegó una beca: un doctorado en Química en Radiación, en Alemania.

Su familia materna, desde Italia, la abrigaba y cuidaba. De Quito también sentía calor: su madre le escribía todas las semanas y cuando falleció, su padre adoptó esa costumbre. En esos cuatro años fuera, ella también escribió mucho.

De vuelta al país, por el año 2000, volvió a la cátedra y obtuvo el nombramiento porque, para esa época, era una de las pocas con un PhD. Así que entró a la Facultad de Ingeniería Química, luego al postgrado de Ingeniería Ambiental. En el 2002 le encargaron el Departamento de Ciencias Nucleares.

La cultura alemana reforzó su lema: “Un trabajo que cuida los detalles, es un trabajo bien hecho”. También: “Aprovechar el tiempo y en silencio, supone concentración”.

Una vez en el Rectorado de la Politécnica hizo una pausa a la docencia y dejó sentado que jamás haría transacción con la honestidad, laboriosidad, democracia, respeto, prudencia, lealtad… Su trabajo se centra en descentralizar las decisiones en la Politécnica, romper esa estructura académica vertical de años.

Completita es Florinella, hasta entona la guitarra y canta bonito. Le apasionan la música clásica, los temas de José Luis Perales, Mercedes Sosa, Kjarkas, Juanes… En Navidad le gusta cantar villancicos.

¿Qué le falta? Casi nada, siempre está agradeciendo a Dios por todos los dones recibidos y ponerlos al servicio de la gente. Ella ya entró a la historia.