Vida Sana
8 de enero de 2019 15:34

Morderse las uñas con frecuencia trae riesgos

Imagen referencial. Las uñas sufren desde problemas estéticos hasta afectaciones graves. Los dientes también se perjudican. Foto: Pixabay

Imagen referencial. Las uñas sufren desde problemas estéticos hasta afectaciones graves. Los dientes también se perjudican. Foto: Pixabay

Europa Press (I)

Además de los problemas estéticos que ocasiona el morderse las uñas, este mal hábito puede afectar a la salud ungueal y alterar la forma de los dientes.

Las uñas no crecen bien por el continuo mordisqueo al que son sometidas, a la vez que se crean microtraumatismos a lo largo del lecho ungueal (la parte que se encuentra bajo las uñas), alterándose así su anatomía. También se ocasionan daños alrededor de la uña, pequeñas heridas que hacen que el dedo se inflame.

Hay pocos estudios que analicen la frecuencia de este problema en la población general. Se estima que oscila entre un 20-45%.

Se inicia en la niñez, pero es más frecuente en la adolescencia. Su persistencia en la edad adulta hace más difícil su control y tratamiento. Se cree que más de la mitad de los niños escolarizados se muerden sus uñas de forma ocasional o frecuente. Además, es habitual que exista una historia familiar de onicofagia.

Así lo afirma la doctora Lourdes Navarro Campoamor, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), quien también subraya que este hábito repetido puede producirse de forma automática e inconsciente, o bien compulsiva.

“Los trastornos de conducta o comportamiento hacia la uña incluyen la onicofagia (morderse las uñas y sus alrededores), la onicotilomanía (repetitiva manipulación de todo el aparato ungueal, con los dedos o con otros instrumentos) y la deformidad en hábito tic (una conducta de carácter obsesivo compulsivo, generalmente ocasionada por eventos de estrés sicológico)”, dice la experta.

Morfología. Se pueden ocasionar cambios en la forma. Algunos de los resultados son la disminución del tamaño de la uña y superficie rugosa.

Coloración. El color natural de la uña puede cambiar, debido al traumatismo de repetición en la zona proximal de la uña. Puede haber oscurecimiento.

Inflamación. Debido al maltrato constante con los dientes, la piel que rodea la uña puede sufrir de hinchazón. Lucirá rojiza y edematosa.

Infección. Al mantener húmeda la zona y lastimarla con los dientes se crea el espacio ideal para que se desarrollen bacterias hongos y virus.